Control del acné

El acné es la afección de la piel mas común en el mundo, es un padecimiento crónico que dura algunos años y que la mayoría de las veces se quita solo; mientras esto ocurre, es necesario controlarlo para evitar al máximo las secuelas que pueden ser físicas (como las cicatrices), o incluso psicológicas ya que el acné afecta la autoestima de la persona en su desempeño social.

Existen personas que pretenden "curar" o “eliminar el acné con limpiezas, mascarillas y productos estéticos o de acceso público (tratamientos anunciados en medios de comunicación). En muchas ocasiones sólo complican el problema. Es la atención dermatológica la especializada para el manejo y tratamiento del acné y sus posibles secuelas.

En el diagnóstico inicial del acné se valora el grado del mismo, puede ser leve, moderado o severo dependiendo del número, tipo y extensión de las lesiones. Dependiendo del caso, se puede recibir tratamiento tópico (aplicado a la piel), sistémico (tomado), o combinado (aplicado a la piel y tomado). Cada paciente debe ser evaluado en forma individual y se da un tratamiento específico para él.

En la primera sesión se analizan las probables causas, los hábitos y los factores que pudieron haber desencadenado el problema. Se le describe a detalle en qué consiste el tratamiento integral (nutrición, higiene y procedimientos a seguir). Si éste está de acuerdo con el tratamiento, se le prescriben los medicamentos y/o cremas, geles, soluciones con activos o sustancias  específicas para su problema.

Del mismo modo, y durante un promedio de mes y medio, se debe acudir semanalmente a fin de revisar evolución y, si fuera necesario, hacer algún ajuste del tratamiento. En cada una de esas 6 a 8 citas semanales, se le practica además el apoyo dermatológico en consultorio según su avance: desinfección tópica, exfoliación (a fin de evitar un nuevo taponamiento de los folículos pilosebáceos), fototerapia, drenaje de cúmulos de sebo, nódulos y pústulas, entre otros procedimientos, según lo requiera el paciente. 

Una vez controladas las lesiones (erupciones), se evalúa si hubo o no secuelas que deban ser tratadas. Algunas secuelas como las manchas rojas, desaparecen solas y sólo se requiere cuidarse de la exposición al sol. En caso de tener otras secuelas, se le indica al paciente las alternativas que tiene para disminuir, mejorar y, en algunos casos, hasta eliminarlas.

El acné puede dejar manchas obscuras, cicatrices planas, cóncavas (cacarizos) o abultadas, mismas que pueden mejorar con tratamientos especiales como las dermoabrasiones, el plasma rico en factores de crecimiento o la inyección de colágeno.

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